Vanessa Villarreal, una mujer poderosa

Ninguna meta es tan lejana para ella. Contra todas las probabilidades, encontró su vocación, obtuvo el trabajo que soñaba, y trazó el camino para el desarrollo de su hijo. Vanessa Villarreal convirtió cada experiencia desagradable en algo nutritivo.
Ahora, como RP del Palacio de Hierro, las herramientas que desarrolló a lo largo de su vida le permiten desenvolverse con esa fuerza, estilo, organización y dinamismo que la caracteriza: por un lado, la sensibilidad para conectar con las personas que desarrolló durante sus años de maestra y, años después, en la búsqueda de grupos de apoyo con las mamás de otros niños; por otro, su pasión, talento y experiencia en actividades artísticas.
Estar cerca de Vanessa Villarreal es contagiarse de lo chic, y hablar con ella es acercarse al corazón. De la entrevista que tuvimos en el sillón de la bella foto que le tomamos, te comparto su historia en esta página, como un intento de que la calidez e inspiración no se quede solo conmigo:
Siempre se interesó en la moda y el teatro, pero su primer gran pasión fue el baile. Después de clases, siempre acudía al Estudio de Danza Maries, donde desarrolló su talento y pulió sus técnicas.
Admiraba mucho a sus maestras y, a los 16 años, comenzó a dar clases de jazz y tap mientras estudiaba la preparatoria, la universidad, e incluso años después, cuando se embarazó. De este periodo, recuerda la felicidad que le daba estar con sus alumnas: conocerlas, acercarse a ellas y saber sus historias; sobre todo, rodearse de personas enamoradas del mismo arte que ella, y contribuir a formarlas en eso que tanto les apasionaba.
“Embarazada de los cuates, yo seguía dando clases de baile… Era algo que me encantaba, y siempre me visualicé como la viejita que sigue con su clase, con dos alumnas fieles porque ya pasó de moda, pero ahí sigue, y no tira la toalla”.
PLAY-PAUSE
Cuando sus hijos nacieron, pausó la enseñanza de baile debido a que se trasladaron a la Ciudad de México para que uno de ellos recibiera tratamiento. Vanessa Villarreal había notado algo diferente en su hijo varón y, cuando tenía año y medio, descubrieron que en él una inmadurez neurológica fuerte que podía tratarse con terapia. La estadía, que se tenía pensada para dos meses, se extendió a dos años.
Mientras vivía en la capital, formó un grupo de amigas con trabajos increíbles: en Vogue, E! Entertainment Television, de styling para Ricardo Seco, y en la curación de arte del Museo Tamayo. “Empecé a visualizar que eso era lo que yo quería: un trabajo tan padre en los temas que siempre me han gustado… pero pensaba que en Monterrey no existía esa opción”.
Tiempo después, conoció a la RP de una marca de lujo, cuando recién había abierto en la Ciudad de México, y ella le pidió a Vanessa que la ayudara a invitar personas a los eventos que realizaban; gracias a esto, descubrió lo mucho que le gustaba el área de relaciones públicas.
Vanessa Villarreal tuvo que pausar, nuevamente, un proyecto que tanto le gustaba: en conjunto con su familia, decidieron trasladarse a Estados Unidos para buscar opiniones de varios especialistas respecto a la condición de su hijo. “Empezó un largo, largo, largo camino de hacer estudios y tener diferentes diagnósticos. Fueron varios años de estar enfocada en eso”.
STOP
En el inter, se dedicó a dar clases de baile una vez a la semana, hasta que tuvo un dolor de garganta continuo que se volvió insoportable. En el consultorio, el diagnóstico fue terrible: tantos años de intentar que su voz superara el volumen de la música durante las clases de baile, le había ocasionado pólipos en las cuerdas vocales, y era necesario operarla.
“Después de la cirugía, sentía un dolor espantoso. Comencé a tomar terapia de voz, pero iba a las clases de baile y volvía a recaer. Ahí fue cuando me retiré”.
Durante un tiempo, se dedicó a sus hijos, pero su personalidad inquieta la llevó a buscar algo más para hacer. Después de pensarlo mucho, lo supo: quería ser RP de Palacio de Hierro. Vanessa recordó conmovida que, un fin de año, en compañía de sus hijos y esposo, cada uno compartió sus propósitos de año nuevo, y ella quería desarrollarse profesionalmente: “Yo quería encontrar mi pasión, encontrar mi camino”.
PLAY
El mes siguiente, recibió la noticia de que la vacante se había abierto, y comenzó a buscar la oportunidad para ocupar el puesto que anhelaba. Inició el proceso de entrevistas: Vanessa recuerda que, cada dos semanas aproximadamente, tenía una entrevista por Skype, de enero a junio, hasta que logró el sí.
El primer evento que gestionó fue “Noches de gala”, una de los más importantes de Palacio de Hierro; también se ha ocupado de diversas inauguraciones y de la fiesta que se ofrece en el Concurso de Salto en el Hípico La Silla.
Después de la incertidumbre, de traslados a diversas ciudades y de buscar más opciones, le diagnosticaron autismo a su hijo. Cuando había vuelto a Monterrey, supo del centro Redes, de Maya Pérez Maldonado (con especialidad en terapia para niños autistas), y Lauro se convirtió en su segundo alumno. “Fui muy juzgada por la gente por mantenerlo en una terapia tan pesada durante tantas horas, pero gracias a la constancia que tuvo durante siete años, ahora es un niño que convive, que se organiza, y que logra comunicarse de manera clara”.
Recuerda que alejarse de la comunidad de egresados que ya conocía al inscribir a Lauro en diversas instituciones le permitió ampliar su círculo, “conocer a gente hermosa” porque, en cada nueva experiencia, había mamás de distintos ámbitos y grupos. Hoy, Vanessa está segura de que todo lo vivido la preparó para este momento.

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